Quiénes somos en Man & Tau

Un taller de sastrería en Gurruchaga al 1500 donde cada prenda se corta, se arma y se ajusta a mano, con la misma idea desde el primer día: que el traje se adapte al cuerpo y a la vida de quien lo usa.

Un taller de sastrería en Gurruchaga, con nombre propio

Man & Tau nació de una idea simple: que un traje se piense para una persona concreta y no para una tabla de talles. Trabajamos en Villa Crespo, cortamos a mano y probamos cada prenda antes de que salga del taller.

Para quién trabajamos

Hombres que necesitan vestirse bien sin sentirse disfrazados. Un abogado que da audiencias en Tribunales, alguien que se casa en un salón de Palermo, un tipo que quiere una camisa que le dure más de dos lavados. No pedimos que sepas de sastrería: preguntamos cómo te movés, qué usás los lunes y qué te molesta de la ropa que ya tenés.

Cómo nos posicionamos

No somos una casa de alta costura ni una tienda de shopping. Somos un taller chico que hace pocas prendas por mes y las hace bien. Preferimos decirte que un lino no es para tu rutina antes que venderte algo que vas a colgar. El oficio está en el corte, en la entretela y en la tercera prueba, no en el escaparate.

Cómo hablamos

De vos, sin vueltas. Explicamos lo técnico cuando hace falta y lo obviamos cuando no. Si te decimos "fresco de lana" es porque vas a sentirlo en el cuerpo, no para sonar elegantes. Y si algo no nos convence, lo decimos en la primera reunión, no después de la entrega.

Corte antes que marca

Elegimos la horma por tu contextura y postura, no por lo que se usa esta temporada.

Tejidos que aguantan

Probamos el paño con vos: cómo cae, cómo arruga, cómo se comporta después del tercer uso.

Ajustes sin apuro

Cada prenda pasa por prueba y corrección. Si algo no cierra, se desarma y se vuelve a armar.

Man & Tau es un taller, no un desfile. Nos importa que la ropa te sirva un martes a las nueve de la mañana, no que saque fotos. Si esa forma de trabajar te cierra, vamos a entendernos.

Por qué existe Man & Tau

No abrimos un taller para sumar otra etiqueta al mercado. Lo hicimos porque en Buenos Aires todavía se puede trabajar la sastrería con tiempos reales, telas que se eligen a mano y prendas que se arreglan en lugar de descartarse. Esta página cuenta de dónde venimos y qué sostenemos cuando alguien se sienta a tomarse las medidas.

Oficio antes que vidriera

Cada saco pasa por las mismas manos desde el molde hasta el planchado final. Preferimos una producción corta y revisada antes que una tanda grande donde nadie recuerde qué cuerpo está vistiendo. Si algo no cierra en la primera prueba, se desarma y se vuelve a armar.

Medidas que se conversan

El centímetro es solo el punto de partida. Preguntamos cómo te movés, qué hacés durante el día, si vas a estar sentado en una oficina o de pie en un salón. De ahí salen los márgenes de hombro, el largo de manga y la caída del faldón. La prenda tiene que acompañarte, no corregirte.

Telas con nombre y origen

Trabajamos con lanas frías, linos y mezclas que probamos antes de ofrecer. Sabemos cómo se comportan después de varias temporadas y qué esperar del planchado. Si un tejido no aguanta el uso porteño, no entra al taller, por más lindo que se vea en el muestrario.

Qué buscamos dejar en cada cliente

Que se lleve una prenda que reconozca como propia y que sepa cómo cuidarla. Que pueda volver en dos años a ajustar un ruedo o cambiar un forro, sin tener que empezar de cero. Y que entienda por qué una manga quedó así y no de otra forma. La sastrería se sostiene cuando el cliente también conoce las reglas del juego.

Cómo trabajamos el día a día

  • Turnos con horario real, sin apuro entre una prueba y la siguiente.
  • Fichas de medida guardadas para retomar el trabajo en cualquier momento.
  • Ajustes posteriores a la entrega, porque el cuerpo cambia y la prenda también.
  • Recomendaciones de cuidado según el tejido, no un folleto genérico.

Cómo llegamos hasta acá

Man & Tau no nació de un plan de negocios ni de una vidriera en un shopping. Arrancó en un taller chico de Villa Crespo, con una máquina de coser heredada y la idea de que un saco bien hecho se nota en el hombro, no en la etiqueta. Estos son los momentos que marcaron el rumbo.

  1. 2014

    El primer taller en Gurruchaga

    Alquilamos un local con piso de madera gastada y dos mesas de corte. Los primeros clientes llegaron por recomendación de un sastre jubilado del barrio que nos pasó sus moldes y nos enseñó a planchar solapas sin quemarlas.

  2. 2016

    Dejamos de tercerizar los pantalones

    Hasta ese año mandábamos los pantalones afuera. El resultado era desparejo: caían distinto según el taller. Decidimos traer la confección completa adentro y ajustar el tiro y la pierna en cada prueba. Fue más lento, pero el calce cambió.

  3. 2018

    Abrimos la línea de camisería

    Varios clientes de traje nos pedían camisas que no les apretaran el cuello ni les quedaran cortas de manga. Sumamos un taller de camisería con tres medidas base y opciones de cuello italiano, francés y button down. Ahí empezó a venir gente solo por camisas.

  4. 2020

    El año de las medidas a distancia

    Con el taller cerrado, armamos un sistema de toma de medidas por video con guía paso a paso. No reemplaza la prueba presencial, pero nos permitió seguir trabajando y entender mejor cómo explicar cada punto: hombro, pecho, cintura, largo de manga.

  5. 2022

    Tejidos con trazabilidad

    Empezamos a registrar el origen de cada rollo: lana fría de Biella, lino belga, mezclas con seda. No por marketing, sino porque necesitábamos saber cómo iba a caer la tela antes de cortarla. Eso nos obligó a comprar menos y elegir mejor.

  6. 2024

    Seis colecciones y un archivo de moldes

    Hoy trabajamos con seis líneas que van del traje de oficina al esmoquin de ceremonia. Guardamos cada molde con nombre y fecha, así un cliente puede volver años después y pedir el mismo saco con otro tejido. Ese archivo es, en el fondo, la historia del taller.

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